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¿Es normal el sangrado tras la implantación?

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Considerado uno de los signos de embarazo más fácil de detectar, el sangrado de implantación se puede producir en tres de cada diez mujeres, aproximadamente. Por otro lado, este fenómeno no siempre ocurre asociado a la implantación propiamente dicha y, desde luego, no está asociado en sí mismo a ningún problema con el embarazo. ¿Por qué ocurre? ¿Cómo se diferencia un sangrado por implantación de la menstruación normal y corriente?

Cuando se fecunda el óvulo, en su unión con el espermatozoide, comienza el proceso de división celular que dará lugar al embrión. En ese momento, este embrión que comienza a formarse viaja desde las trompas de Falopio hasta el útero, donde ocurre su implantación. Este proceso lleva entre seis y diez días una vez que se ha producido la fecundación, y cuando ocurre, el embrión es apenas una masa de células que se adhiere a la pared uterina.

Este entorno está muy irrigado por arterias, venas y vasos sanguíneos ya que es un tejido especialmente preparado para “alimentar” al embrión y condicionar su buen desarrollo. Por esta razón, debido a la propia implantación embrionaria, se pueden romper algunos de estos vasos, provocando la pérdida de sangre y el consecuente manchado. A esto es lo que llamamos sangrado tras la implantación y puede ocurrir entre los diez y los catorce días después de la concepción, durante la llegada del embrión al útero. En el siguiente post, el Dr. Pedro Royo, director de IVI Pamplona, aclara algunas cuestiones respecto al sangrado de implantación.

¿Cómo se produce el sangrado de implantación?

El sangrado tras la implantación suele tener lugar en las primeras semanas de gestación dado que el útero está notablemente irrigado y puede sangrar con facilidad. Cuando el embrión, se adhiere a la pared interna del útero, rompe unas pequeñas venas y arterias del endometrio, lo que puede provocar el sangrado.

Esto no ocurre porque el proceso sea “violento”. El embrión ha de quedar perfectamente conectado con el tejido del endometrio para asegurar el intercambio de nutrientes en el delicado proceso de gestación que ocurrirá en los meses siguientes. Así, el embrión rompe los capilares superficiales del endometrio con la intención de formar algunos nuevos que lo unirán y servirán para alimentar la nueva vida a través de la futura placenta.

La sangre perdida en este proceso es lo que identificamos como sangrado de implantación. Y por esta razón es ligeramente diferente y podemos diferenciarla en comparación con la sangre menstrual. Aunque no siempre es indicativa, pues el tejido del endometrio está muy irrigado (siempre) y las pérdidas podrían producirse por otras razones igualmente naturales.

¿De qué color es el sangrado?

Como decíamos, el sangrado tiene lugar entre seis y diez días después de la fecundación, momento que suele coincidir con la fecha prevista para la menstruación. Pero, a diferencia de ésta, el sangrado se identifica por ser, normalmente, más ligero, con una textura más fina y con un color menos intenso. También suele ser más oscuro, aunque no es raro que tenga un color rojo vivo o rosado, aunque, de nuevo, más ligero que el de la menstruación.

El sangrado de implantación no sigue un patrón fijo, y puede darse en un solo embarazo o en todos, indistintamente. También puede ocurrir el manchado coincidente con la fase lútea, el cual obedece a una cuestión hormonal y no está directamente relacionado con la implantación, aunque podría confundirse con éste.

Las pérdidas debidas a la implantación embrionaria pueden durar de uno a tres días, y la intensidad del sangrado se detecta fácilmente ya que es menor que la de una menstruación normal, aunque esto puede variar enormemente entre mujeres. Pero lo más común es observar la diferencia sin problema.

¿Cómo se diferencia el sangrado de implantación de la menstruación?

Como decíamos, el problema principal que confunde estos dos tipos de menorragia es su coincidencia en el tiempo. Pero la diferencia esencial se encuentra, precisamente, en la intensidad del manchado, que es mucho menor que el de la menstruación común. Por otro lado, su duración también es un signo de que estamos ante el sangrado de implantación.

Esta puede ser de unas pocas horas o, en ocasiones, prolongarse durante varios días como un manchado leve e intermitente, distinto al patrón más regular de la menorrea. Junto al sangrado tras la implantación puede apreciarse un retraso menstrual posterior, dolores similares al de esta, una ligera hinchazón de los senos, o, incluso, algunos desajustes leves: ligeras náuseas, cansancio, etc.

No obstante, es importante saber que esto no siempre es indicativo de un embarazo, pues estos síntomas son comunes muchos otros estados físicos y anímicos, por lo que no son indicadores infalibles para diferenciar una menstruación de un sangrado de implantación.

¿Supone algún riesgo para el embarazo?

No. No existe ninguna evidencia que relacione el sangrado tras la implantación con un embarazo problemático o ectópico, por citar algún ejemplo. Desde luego, tampoco se puede relacionar este tipo de sangrado los abortos ni ningún otro peligro para el bebé.

Sí que es cierto que los problemas gestacionales, especialmente los referentes al aborto, pueden ir asociados al sangrado. Pero este, como ocurre con la menstruación, es notablemente más intenso y suele llegar con dolores y otros síntomas que lo identifican.

Por otro lado, los embarazos ectópicos o los abortos ocurren muchísimas veces sin ningún tipo de sangrado, por lo que no existe ninguna razón para asociar un fenómeno con el otro.

¿Qué debo hacer si se produce este sangrado?

Aunque no hay razón alguna para tomar medidas especiales, en caso de duda es recomendable consultar con tu ginecólogo. Será él quien podrá confirmarte si se trata de un sangrado asociado a la implantación del embrión o no. El ginecólogo te dará las pautas para proceder al respecto de la mejor manera posible y en el caso necesario.

No obstante, el sangrado tras la implantación, en la mayoría de los casos, no se manifiesta con más que ligeras molestias, en el peor de los casos, por lo que no suele requerir ningún tipo de atención adicional. Aun así, una valoración y asistencia adecuadas puede ayudar a los pacientes a entender que este hecho es parte del proceso normal de embarazo.

 

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