Cuando una mujer inicia un tratamiento de reproducción asistida, suele concentrar toda su atención en las pruebas médicas, la calidad embrionaria o los tratamientos hormonales. Sin embargo, existe otro factor que cada vez despierta más interés entre los investigadores: el impacto del estrés sobre la fertilidad.
Muchas pacientes se preguntan si la ansiedad, la preocupación o la carga emocional asociada a la infertilidad pueden influir realmente en sus posibilidades de embarazo. Aunque dar una respuesta simple a esta cuestión no es posible, un nuevo estudio de IVI Institute Foundation aporta evidencias que ayudan a comprender mejor cómo se relacionan la salud mental y la función reproductiva.
La investigación ha analizado, por primera vez de forma conjunta, el estrés psicológico, los niveles de cortisol en el endometrio, los cambios moleculares que se producen en este tejido y los resultados reproductivos de mujeres sometidas a fecundación in vitro (FIV). ¿Quieres descubrir cuáles han sido los principales hallazgos? Te lo contamos en este blog.
¿Qué papel desempeña el cortisol en la fertilidad?
Cuando una persona atraviesa situaciones de estrés, el organismo produce diferentes sustancias para adaptarse a esa circunstancia. Entre ellas se encuentra el cortisol, conocido popularmente como la «hormona del estrés».
Aunque el cortisol cumple funciones esenciales para nuestro organismo, niveles elevados y sostenidos en el tiempo pueden alterar distintos procesos biológicos. Hasta ahora, la mayoría de los estudios habían analizado el cortisol en sangre, saliva o cabello. Sin embargo, los investigadores de IVI Institute Foundation decidieron estudiar directamente su presencia en el endometrio, el tejido que recubre el interior del útero y donde tiene lugar la implantación embrionaria.
Los resultados mostraron que las pacientes con mayores niveles de estrés psicológico presentaban también concentraciones más elevadas de cortisol en el endometrio. De hecho, la proporción de mujeres estresadas según los test psicológicos, aumentaban conforme aumentaban los niveles de cortisol.
¿Qué ocurre en el endometrio cuando aumenta el estrés?
El aspecto más innovador de esta investigación es que va más allá de medir el estrés. También analiza qué sucede dentro del endometrio a nivel molecular cuando los niveles de cortisol aumentan.
Los investigadores identificaron cambios en la actividad de 182 genes relacionados con funciones esenciales para la implantación embrionaria y el inicio del embarazo. Entre ellas se encuentran procesos vinculados a la regulación celular, la respuesta inmunológica, la adhesión celular o el desarrollo embrionario temprano.
En otras palabras, el estrés podría influir indirectamente en la capacidad del endometrio para recibir al embrión a través de modificaciones biológicas que afectan a su funcionamiento.
«Nuestros resultados sugieren que parte del efecto del estrés podría estar mediado por cambios locales en el endometrio. Esto nos ayuda a entender mejor por qué algunas pacientes pueden ser más vulnerables a las consecuencias biológicas del estrés que otras», señala la Dra. Patricia Díaz-Gimeno, investigadora principal de IVI Institute Foundation-IIS La Fe.
¿Puede el estrés reducir las probabilidades de embarazo?
Una de las preguntas que más preocupa a las pacientes es si el estrés puede dificultar el éxito de un tratamiento reproductivo.
Los resultados de este estudio muestran que las mujeres que presentaban niveles elevados de cortisol endometrial tenían un riesgo relativo un 32% mayor de no lograr embarazo en comparación con aquellas con niveles más bajos.
Sin embargo, los investigadores consideran importante matizar estos hallazgos. Aunque se muestra una asociación estadísticamente significativa, El estudio no demuestra una relación causal directa, es decir, que el estrés sea quien provoca de manera directa la infertilidad ni que una mujer deje de quedarse embarazada por estar preocupada o nerviosa.
La fertilidad es un proceso complejo en el que intervienen factores genéticos, hormonales, reproductivos y ambientales. Lo que sí sugieren los datos es que el estrés puede influir sobre determinados mecanismos biológicos asociados a la implantación embrionaria y estar asociado a un aumento del riesgo de no conseguir un embarazo.
“Por ello, el mensaje para las pacientes no debe ser el de sentirse responsables de sus emociones, sino el de reconocer la importancia de cuidar también su bienestar psicológico durante el proceso reproductivo”, concreta la Dra. Díaz-Gimeno.
La salud mental, una parte fundamental de la atención reproductiva
En la investigación de IVI Institute Foundation, cerca del 60% de las participantes mostraban niveles significativos de estrés en alguna de las dimensiones evaluadas.
Estos datos refuerzan la necesidad de ofrecer una atención cada vez más integral, donde la salud emocional forme parte del abordaje clínico.
Detectar para acompañar mejor
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio es que los cuestionarios psicológicos podrían por si mismo ayudar a identificar de manera preventiva y fácil a aquellas pacientes con mayor riesgo de presentar alteraciones relacionadas con el estrés.
Según los investigadores, esta información permitiría desarrollar estrategias de apoyo psicológico más personalizadas y actuar de forma preventiva durante el tratamiento reproductivo.
«La salud mental no debe entenderse como un aspecto secundario en fertilidad. Identificar a las pacientes que atraviesan niveles elevados de estrés podría ayudarnos a ofrecer una atención más personalizada y centrada en sus necesidades», afirma Patricia Díaz-Gimeno.
Conclusiones del estudio
La principal conclusión de este estudio es que la conexión entre mente y cuerpo también puede observarse y medirse en el entorno reproductivo. Los resultados muestran que el estrés psicológico se asocia con cambios biológicos medibles en el endometrio y que estos cambios podrían influir en las posibilidades de embarazo.
Aunque todavía serán necesarios nuevos estudios para comprender mejor estos mecanismos y evaluar el impacto de posibles intervenciones psicológicas, la investigación abre una vía prometedora para avanzar hacia una medicina reproductiva más personalizada que contempla los aspectos psicoemocionales.
Porque cuidar la fertilidad no implica únicamente tratar aspectos médicos. También significa acompañar a las pacientes en un proceso que puede ser emocionalmente exigente, incorporando la salud mental como una parte esencial del camino hacia el embarazo.
Dr. Patricia Diaz Gimeno
Líder del grupo de Medicina Reproductiva Genómica y de Sistemas en FIVI Valencia. Especializada en receptividad endometrial, patologías reproductivas, fertilidad femenina y psicología aplicada a la reproducción.
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