- Esta investigación de IVI identifica el papel del estrés oxidativo y abre la puerta a aprovechar ovocitos que hoy se descartan, demostrando que la suplementación con antioxidantes puede acercar su perfil biológico al de los ovocitos maduros de forma natural
- Otro trabajo muestra que una combinación de factores derivados de células madre es capaz de revertir parcialmente el daño en ovarios con insuficiencia ovárica prematura, mejorando su funcionalidad y multiplicando el número de ovocitos en modelos experimentales
- En paralelo, investigadores han desarrollado un hidrogel que reproduce el entorno del ovario humano, una plataforma que podría facilitar nuevas estrategias para restaurar la fertilidad, especialmente en mujeres afectadas por enfermedades o tratamientos como la quimioterapia
En un ciclo de fecundación in vitro (FIV), alrededor del 20% de los ovocitos recuperados no han completado su maduración y, en la práctica clínica habitual, acaban desechándose. En algunos perfiles de pacientes —como mujeres con baja respuesta ovárica, endometriosis o alteraciones en la maduración— este porcentaje puede ser incluso mayor, comprometiendo directamente las posibilidades de éxito del tratamiento.
Un estudio liderado por IVI Barcelona y presentado en la 42ª Reunión Anual de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) aporta ahora nuevas claves para entender por qué estos ovocitos, cuando se intentan madurar en laboratorio, muestran peores resultados. Y, lo más relevante, señala una posible vía para mejorar su calidad.
El trabajo, liderado por la Dra. Marga Esbert, se ha centrado en analizar en profundidad qué diferencia a los ovocitos madurados en laboratorio de aquellos que completan su desarrollo de forma natural.
“Durante años pensamos que el problema podía ser cromosómico, pero hoy sabemos que estos ovocitos son genéticamente normales. La diferencia está en su funcionamiento interno”, explica la especialista.
Gracias a una tecnología de secuenciación de ARN a nivel de célula única —que permite analizar cada ovocito de forma individual— el equipo ha observado que, aunque los ovocitos rescatados mantienen intacto su programa de maduración, presentan alteraciones específicas relacionadas con el estrés oxidativo y la función mitocondrial.
Las mitocondrias juegan un papel esencial en la calidad del ovocito, ya que son responsables de generar la energía necesaria para completar la maduración y sostener el desarrollo embrionario.
“Todo el potencial energético del futuro embrión depende del ovocito. Si ese equilibrio se rompe —ya sea por defecto o por exceso de actividad— se genera estrés oxidativo, que puede comprometer su viabilidad”, detalla la Dra. Esbert.
Este equilibrio se ve especialmente afectado durante la maduración en laboratorio, donde el ovocito pierde el soporte natural de las células que lo rodean en el ovario, responsables de ayudar a regular ese entorno.
Antioxidantes, claves en regeneración ovocitaria
A partir de este hallazgo, el estudio ha explorado si la suplementación con antioxidantes podría ayudar a reproducir mejor las condiciones naturales del ovario.
Los resultados muestran que la adición de un cóctel de antioxidantes al medio de cultivo permite modular la expresión génica de los ovocitos, acercándola a la de aquellos que han madurado de forma natural. Este avance tiene una implicación directa para las pacientes, especialmente en aquellos casos en los que cada ovocito cuenta.
“Hemos visto que los ovocitos rescatados no son intrínsecamente defectuosos, sino que necesitan mejores condiciones para expresar su potencial. Los antioxidantes parecen ayudar a restaurar parte de ese equilibrio. Para nosotros, descartar ovocitos inmaduros siempre ha supuesto una oportunidad perdida. Si conseguimos mejorar su calidad, podríamos aumentar el número de embriones disponibles y, con ello, las probabilidades de embarazo”, reconoce la Dra. Esbert.
El impacto podría ser especialmente relevante en pacientes con baja respuesta ovárica, mujeres que no pueden someterse a múltiples ciclos o pacientes oncológicas que necesitan preservar su fertilidad antes de iniciar tratamiento.
Aunque los resultados son prometedores a nivel molecular, el próximo reto será demostrar su impacto real en clínica.
“El siguiente paso es evaluar si estas mejoras se traducen en mejores tasas de fecundación, desarrollo embrionario y embarazo. Si se confirma, podríamos cambiar la forma en que tratamos los ovocitos inmaduros en FIV”, concluye.
Nuevas estrategias para recuperar la función ovárica
En este sentido, otros trabajos presentados en el Congreso ESHRE abordan el problema desde ángulos complementarios, con el objetivo común de recuperar la funcionalidad ovárica.
Por un lado, un estudio liderado por la Dra. Sonia Herraiz (Fundación IVI) apunta a una posible vía para revertir parcialmente el daño ovárico en casos de insuficiencia ovárica prematura. A partir del análisis molecular del tejido ovárico, los investigadores han observado que una combinación de factores de crecimiento derivados de células madre —como trombospondina 1, KITLG y FGF2— es capaz de restaurar alteraciones clave asociadas a esta patología, desde el estrés celular hasta el metabolismo o la estructura del propio tejido.
En modelos experimentales, este enfoque no solo mejora la funcionalidad ovárica, sino que también incrementa significativamente el número de ovocitos obtenidos.
“Estos resultados refuerzan la idea de que el entorno molecular del ovario es determinante y, lo que es más importante, que puede modularse. A medio plazo, podría abrir nuevas alternativas para pacientes con fallo ovárico precoz, que hoy cuentan con opciones muy limitadas”, explica la Dra. Herraiz.
Recrear el entorno ovárico para restaurar la fertilidad
En paralelo, otro trabajo coordinado por la Dra. Irene Cervelló (Fundación IVI) se centra en un reto igualmente crítico: recrear en el laboratorio un entorno que imite con fidelidad el nicho ovárico humano. Para ello, el equipo ha desarrollado un hidrogel a partir de tejido ovárico humano tratado y combinado con alginato, capaz de reproducir tanto la estructura como las señales bioquímicas del ovario.
El resultado es una plataforma tridimensional funcional que conserva los componentes esenciales del ovario —como colágeno o laminina— y ofrece, al mismo tiempo, la estabilidad necesaria para futuras aplicaciones clínicas.
“El gran avance ha sido lograr un equilibrio entre realismo biológico y viabilidad técnica. Disponer de un entorno que imite al ovario abre la puerta a estudiar mejor su funcionamiento y, en el futuro, a desarrollar nuevas estrategias de restauración de la fertilidad”, aclara la investigadora.
En conjunto, estos estudios reflejan un cambio de enfoque en medicina reproductiva: no solo se trata de obtener ovocitos, sino de preservar, recuperar o incluso recrear las condiciones que permiten que esos ovocitos sean viables. Una vía que, a largo plazo, podría traducirse en tratamientos más eficaces y nuevas oportunidades para mujeres con problemas de fertilidad complejos.