- Esta enfermedad compromete de forma directa la fertilidad femenina y aumenta el riesgo de complicaciones gestacionales como la preeclampsia o el aborto espontáneo.
- La endometriosis afecta a más de 2 millones de mujeres en España. Según la OMS, aproximadamente 1 de cada 10 mujeres en edad reproductiva la padece.
- Especialistas destacan la importancia del diagnóstico precoz, la preservación de la fertilidad y un abordaje multidisciplinar.
La endometriosis es una enfermedad crónica, progresiva e incapacitante que afecta a entre el 10 y el 15% de la población femenina1,2. Lejos de ser una patología minoritaria, en España se estima que se ven afectadas más de 2 millones de mujeres y, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 1 de cada 10 mujeres en edad reproductiva padece esta enfermedad3.
Se caracteriza por la presencia de tejido similar al endometrio fuera del útero, lo que provoca inflamación crónica, dolor pélvico y alteraciones en la función ovárica y tiene una repercusión directa en la fertilidad femenina, pudiendo estar implicada en hasta el 50% de los casos de infertilidad femenina y aumenta el riesgo de complicaciones como la preeclampsia o el aborto espontáneo3.
No es solo una enfermedad ginecológica, sino un proceso complejo en el que intervienen factores hormonales, inmunológicos y metabólicos que pueden influir en su evolución e impacto sobre la fertilidad. La endometriosis no debe entenderse exclusivamente como una patología hormonal, sino como un proceso inflamatorio sistémico en el que metabolismo e inmunidad interactúan de forma dinámica. Comprender esta interrelación es clave para avanzar hacia tratamientos más eficaces y personalizados.
Por eso, en un escenario en el que sigue llegando tarde al diagnóstico y condicionando la calidad de vida y la fertilidad, avanzar en la comprensión de factores metabólicos e inflamatorios asociados a la salud endometrial resulta clave. Integrar nuevas líneas de investigación con un enfoque multidisciplinar permite mejorar el tratamiento y acercarse a una atención más precoz, personalizada y focalizada en las necesidades reales de cada paciente.
En esta línea, la ciencia explora cómo el entorno metabólico y el estado inflamatorio pueden modular la progresión de distintas patologías del tejido endometrial. Estudios recientes, como el publicado en JAMA Network Open, han observado una reducción del riesgo de desarrollar cáncer de endometrio en mujeres tratadas con agonistas del GLP-1 —fármacos empleados para el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2—.
Actualmente no existen ensayos clínicos que avalen el uso de agonistas del GLP-1 como tratamiento específico de la endometriosis. Sin embargo, estos fármacos han demostrado efectos antiinflamatorios sistémicos, mejora de la resistencia a la insulina y modulación del tejido adiposo, factores que podrían influir indirectamente en el microambiente inflamatorio asociado a la enfermedad.
Aunque se trata de patologías distintas, estos hallazgos refuerzan la hipótesis de que el entorno metabólico puede desempeñar un papel relevante en diversas alteraciones del tejido endometrial, incluida la endometriosis. La doctora Marta Romero, especialista en Medicina Interna de la Unidad de Fallo Reproductivo de IVI Madrid, explica que “abren una importante vía de interés, pero no sustituyen, en ningún caso, al diagnóstico precoz ni al abordaje ginecológico adecuado de la endometriosis, aunque sí convertirse en una herramienta complementaria en pacientes seleccionadas”.
En aquellas pacientes con resistencia a la insulina, obesidad o inflamación sistémica asociada, el abordaje metabólico puede convertirse en un pilar terapéutico complementario dentro de una estrategia integral y personalizada.
En este sentido, la Dra. Romero no los define como una píldora mágica “sino como una opción terapéutica muy valiosa cuando existe una indicación clara, dentro de un abordaje integral que incluya diagnóstico precoz, planificación reproductiva y control metabólico personalizado”.
Su uso debe limitarse estrictamente a pacientes con indicación clínica bien establecida y bajo supervisión médica especializada.
Retraso en el diagnóstico y reserva ovárica
Pese a su elevada prevalencia y consecuencias reproductivas, la endometriosis continúa siendo una enfermedad infradiagnosticada. El tiempo medio hasta obtener un diagnóstico ronda los nueve años, periodo en el que muchas pacientes consultan hasta a cinco profesionales distintos —atención primaria, ginecología y otras especialidades— antes de recibir una confirmación clara. Este retraso no solo prolonga el sufrimiento físico y emocional, sino que también puede comprometer de forma progresiva la reserva ovárica y la capacidad reproductiva.
Por ello, los especialistas insisten en la necesidad de un diagnóstico temprano y un abordaje integral desde las primeras sospechas clínicas. Identificar la enfermedad en fases iniciales permite controlar mejor su progresión, planificar tratamientos individualizados y, cuando sea necesario, preservar la fertilidad. Como aclara la doctora Romero, «la vitrificación de óvulos ofrece a las mujeres con endometriosis un abordaje multidisciplinar que no solo trata el dolor hoy, sino que garantiza sus opciones de maternidad para el mañana. La preservación de la fertilidad tras el diagnóstico es una decisión clínica estratégica que permite a la paciente desvincular la evolución de su enfermedad de su deseo de ser madre.”
En determinados casos, esa vitrificación permite preservar opciones reproductivas futuras, especialmente cuando hay riesgo de afectación ovárica. Esto resulta especialmente relevante en mujeres jóvenes con endometriomas o con cirugía ovárica prevista, situaciones en las que la reserva ovárica puede verse comprometida de forma significativa.
De ahí la importancia de un diagnóstico temprano que permita valorar a tiempo estrategias de preservación y proteger la calidad de los ovocitos.
Un enfoque preventivo que resulta especialmente relevante en un contexto social marcado por el retraso progresivo de la maternidad, mientras la enfermedad podría evolucionar silenciosamente durante años.