- IVI recuerda que inseminación artificial, fecundación in vitro y ovodonación no son tratamientos intercambiables, sino respuestas clínicas distintas según la edad, la reserva ovárica, el semen y el historial reproductivo
Elegir el tratamiento de reproducción asistida adecuado desde el principio puede marcar la diferencia entre un proceso eficaz y un recorrido largo, frustrante y emocionalmente agotador. Cuando una mujer o una pareja decide buscar ayuda médica para lograr un embarazo, una de las primeras preguntas que surge es qué técnica ofrece más posibilidades en su caso: inseminación artificial, fecundación in vitro u ovodonación.
La respuesta no depende de preferencias personales ni de experiencias cercanas. Depende de factores clínicos concretos como la edad de la paciente, la reserva ovárica, la permeabilidad de las trompas, la calidad seminal, la existencia de endometriosis, los tratamientos previos o la necesidad de realizar un estudio genético preimplantacional.
IVI, con 35 años de experiencia en reproducción asistida y tasas de éxito hasta un 25% superiores a la media nacional, insiste en que iniciar un tratamiento que no se ajusta al diagnóstico puede reducir las probabilidades de embarazo, alargar innecesariamente el proceso y aumentar el desgaste emocional y económico. Por eso, la valoración médica inicial es una fase decisiva del tratamiento, no un trámite previo.
“El diagnóstico previo es la herramienta más importante que tenemos. Cuando la paciente llega con un estudio completo, podemos indicar desde el primer día el tratamiento con mayor probabilidad de éxito para su caso concreto. Ese primer paso es el que marca la diferencia entre un proceso de semanas y uno de años”, explica la Dra. Rafaela González, directora de IVI Almería, con más de 20 años de experiencia.
¿Cuándo está indicada cada una?
La inseminación artificial es el tratamiento de reproducción asistida de menor complejidad. Suele estar indicada cuando los factores de infertilidad son leves y existe una buena probabilidad de embarazo sin necesidad de fecundar los óvulos en laboratorio.
Esta técnica puede ser adecuada en mujeres con buena reserva ovárica, alteraciones leves de la ovulación o factor cervical. También se utiliza en parejas en las que el semen presenta alteraciones leves o moderadas, así como en mujeres sin pareja masculina que desean ser madres con semen de donante.
La edad es un criterio especialmente importante. Los resultados de la inseminación artificial son mejores antes de los 35 años, ya que la calidad ovocitaria y la respuesta ovárica condicionan directamente las posibilidades de éxito.
En IVI, la tasa acumulada de embarazo tras tres ciclos de inseminación artificial es del 46,2% con semen de pareja y del 53,8% con semen del banco de IVI. Habitualmente, se recomiendan hasta tres intentos antes de valorar el paso a una técnica de mayor complejidad.
La fecundación in vitro está indicada cuando la complejidad del caso supera lo que la inseminación artificial puede resolver. Es la opción recomendada en casos de obstrucción de trompas, alteraciones graves de la ovulación, endometriosis, factor masculino severo, fallos previos de inseminación artificial o necesidad de realizar un estudio genético preimplantacional.
También es una técnica habitual para parejas de mujeres, ya que permite fecundar los óvulos en laboratorio y transferir posteriormente el embrión al útero de la paciente.
En la fecundación in vitro con ICSI, los óvulos se extraen mediante punción ovárica y se fecundan individualmente en el laboratorio, introduciendo un espermatozoide directamente en cada óvulo. Después, los embriones se cultivan y se evalúa cuáles presentan mayor potencial de implantación antes de realizar la transferencia embrionaria. En IVI, la fecundación in vitro alcanza una tasa acumulada de éxito del 97% tras tres ciclos, lo que la convierte en una de las técnicas con mayor capacidad de respuesta en casos de infertilidad moderada o severa.
La ovodonación es el tratamiento con mayor tasa de éxito cuando la mujer no puede obtener óvulos propios de calidad suficiente. Está indicada en casos de baja reserva ovárica, fallo ovárico, edad reproductiva avanzada o ciclos previos de fecundación in vitro sin éxito.
Su principal ventaja es que las probabilidades de embarazo dependen fundamentalmente de la calidad de los óvulos donados, no de la edad de la receptora. Por este motivo, la ovodonación puede ofrecer una alternativa eficaz a mujeres para las que la fecundación in vitro con óvulos propios ya no presenta buenas expectativas.
En IVI, las pacientes tienen un 83% de probabilidades de embarazo en el primer ciclo de ovodonación, y la tasa acumulada alcanza el 99% tras tres intentos.
La asignación de donante se realiza mediante el sistema Perfect Match 360°, que analiza la compatibilidad fenotípica, el estudio genético y la similitud facial mediante tecnología 3D. Este proceso permite buscar la máxima coincidencia posible entre donante y receptora.
Diagnóstico inicial, clave en reproducción asistida
La elección entre inseminación artificial, fecundación in vitro u ovodonación debe realizarse siempre a partir de un diagnóstico individualizado. Edad, reserva ovárica, calidad seminal, antecedentes ginecológicos y tratamientos previos son variables que pueden modificar por completo la indicación médica.
Por eso, IVI recomienda no retrasar la consulta especializada cuando el embarazo no llega. En mujeres menores de 35 años, se aconseja consultar tras un año de búsqueda sin éxito. A partir de los 35 años, es recomendable hacerlo tras seis meses, ya que el margen de tiempo reproductivo es menor.
“La inseminación artificial, la fecundación in vitro y la ovodonación no son escalones obligatorios de un mismo camino, sino tratamientos distintos que deben indicarse según el diagnóstico de cada paciente. Cada tratamiento tiene su momento y su indicación”, concluye la Dra. González.